Nota de Tapa

Lolitas

¿Se viene el cambio en el Modelaje Paraguayo?

En el modelaje actual de nuestro país, se van imponiendo cada vez más “Las niñas modelos” o “Lolitas”. Cada vez se las ve con mayor frecuencia en las pasarelas y en las producciones fotográficas. Las grandes empresas exigen rostros juveniles y frescos para la promoción de productos en los diferentes medios de comunicación.
Las agencias de modelos se valen de esta necesidad y buscan los nuevos talentos juveniles para poder satisfacer las demandas de esta tendencia, es así que vemos a menudo los nuevos rostros que están sobresaliendo en grandes producciones fotográficas y así se van imponiendo en el difícil mundo del modelaje.
Con cuerpos de ninfetas, libre de cualquier tipo de  cirugías, ellas nos brindan algo diferente a lo que estamos acostumbrados a ver con su aire angelical pero a la vez sensual. ¿Será el fin de las siliconas en las pasarelas de nuestro país?

Musas inspiradoras del afamado escritor ruso Vladimir Nabokov autor del clásico de la literatura contemporánea  “Lolita” , Revista Zeta, como no podía ser de otra manera, trae en exclusiva un infartante ensayo fotográfico, donde se puede apreciar la frescura de éstas futuras divas del modelaje nacional y por qué no internacional.

Fotografía: Christian Núñez

" Ahora creo llegado el momento de presentar al lector algunas consideraciones de orden general. Entre los límites de los nueve y los catorce años, surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o tres veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana, sino nínfica ( o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a estas criaturas escogidas.
(...)
Entre esos límites temporales, ¿son nínfulas todas las niñas? No, desde luego. Tampoco es la belleza una piedra de toque; y la vulgaridad - o al menos lo que una comunidad determinada considera como tal- no daña forzosamente ciertas características misteriosas, la gracia letal, el evasivo, cambiante, anonadante, insidioso encanto mediante el cual la nínfula se distingue de esas contemporáneas suyas.
(...)
Era la misma niña: los mismos hombros frágiles y color de miel, la misma espalda esbelta, desnuda, sedosa, el mismo pelo castaño. Un pañuelo a motas anudado en torno al pecho ocultaba a mis viejos ojos de mono, pero no a la mirada del joven recuerdo, los senos juveniles. Y como si yo hubiera sido, en un cuento de hadas, la nodriza de una princesita, reconocí el pequeño lunar en su flanco.
(...)
Si pedimos a un hombre normal que elija a la niña más bonita en una fotografía de un grupo de colegialas o girl scouts, no siempre señalará a la nínfula. Hay que ser artista y loco, un ser infinitamente melancólico, con una burbuja de ardiente veneno en las entrañas y una llama de suprema voluptuosidad siempre encendida en su sutil espinazo, para reconocer de inmediato, por signos inefables - el diseño ligeramente felino de un pómulo, la delicadeza de un miembro aterciopelado y otros indicios que la desesperación, la vergüenza y las lágrimas me prohiben enumerar- al pequeño demonio mortífero ignorante de su fantástico poder.
(...)
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.
"


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